martes, 5 de marzo de 2013

TIEMPO DE BÚSQUEDA


CAPÍTULO II
TIEMPO DE BÚSQUEDA

La adolescencia es una etapa difícil, y aunque siempre estuvo presente en mi cabeza Dios, realmente mis pensamientos esos años estaban en otro sitio, aunque siempre he tenido un concepto de la moral que me ha impedido hacer ciertas cosas, o me ha remordido la conciencia cuando he caído en algo. Dice la Biblia que es el Espíritu Santo el que convence al mundo de pecado. Hoy, año 2004, me pregunto, ¿cómo podía yo tener conciencia de pecado, si según el concepto protestante, uno no recibe el Espíritu Santo hasta que no haces la profesión de fe en Cristo? ¿Cómo no me puse a fumar porros cuando había algunos que lo hacían en mi entorno? ¿Cómo desde muy joven he rechazado el vicio del tabaco, aunque llegué a probarlo? ¿Porqué cuando bebía más de la cuenta me sentía sucio por dentro?¿Porqué no me gustaba pelearme y cuando alguien me provocaba y caía me sentía triste y mal?  Con esto no quiero decir que no haya pecado en mi adolescencia, al contrario, he caído muchas veces, pero había en mi un convencimiento de pecado en muchas áreas, y he hecho tal vez algunas cosas verdaderamente malas si uno mira a Dios.
Cuando algún hermano protestante me ha preguntado: ¿cuándo naciste de nuevo? He tenido dificultad en contestar. La mayoría de ellos saben la fecha, como yo puedo acordarme del año de mi primera comunión, pero yo no tenía fecha. Y yo me preguntaba: ¿Sería que el concepto de nacer de nuevo es diferente entre católicos y protestantes? Y protestantes hay de muchas clases y credos. Por ejemplo, los evangélicos niegan el bautismo de niños y por tanto niegan el nuevo nacimiento que según la Iglesia se produce del agua y del Espíritu.[1] Sin comprender lo que esto significaba, yo lo atribuía a un renacimiento de tipo espiritual, que es lo que yo comencé a experimentar antes de cumplir 20 años. Mi búsqueda se puede decir que se inicia a finales de los años 80, cuando en plena adolescencia comencé a interesarme por los temas paranormales y ciencias ocultas, hasta el punto de subscribirme a la revista Mas Allá de la ciencia: vida después de la muerte, fantasmas, espíritus, reencarnación, apariciones, astrología, Ovnis, todos estos temas comencé a absorberlos poco a poco, y me entusiasmaban, leía y veía todo lo que podía de esos temas. Obviamente yo no sabía que eso era incompatible con mi condición de bautizado y por tanto cristiano.
En 1990, yo tenía 19 años. En aquel año también comencé a interesarme por “la astrología”, con la que según mis propias palabras «Comienzo a entrar en contacto con otras realidades», y también según mis propias palabras, «Esta ciencia me lleva a comprender que Dios es aún más grande de lo que pensé hasta entonces»[2]. Comencé a comprarme libros hasta hacerme una biblioteca nada pequeña, y comencé a dedicarle cada vez más tiempo a la astrología, hasta convencerme que era lo que quería ser, y que era mi vocación. Esta ciencia dio rienda suelta a mi espíritu filosófico, y llegué a escribir a veces frases geniales o estudios propios acerca de diversos temas. Mi mente estaba muy metida en la investigación de esta práctica astrológica y me afanaba en estudiarla. La astrología me lleva a otra creencia. La reencarnación, e incluso a la mitología de los planetas, entonces  yo no era consciente de lo incompatible que hace todo esto con el evangelio y la vida eterna que Dios nos ha prometido.
Mi vida fue siendo dominada cada vez más por la ciencia de los astros durante los años 1991-94, y a todos les hablaba en clave de astros, predecía el futuro, leía, investigaba, quería hasta sacarme un título oficial para poder ejercer profesionalmente.
Mi carácter es irascible, duro, egoísta, conozco los celos, los nervios, la tensión es máxima en mi vida, con mi novia por entonces, en mi casa, en mis estudios, y en todo. Mi vida no va del todo bien.
Llegué a realizar algunas cartas astrales por encargo, pero mi vida estaba planificada por lo que decían los astros, y cada vez mas era esto así, también quería planificar la de mis familiares. Mi vida espiritual entonces, creo que se resumía a eso, pero es que es muy diferente de la doctrina cristiana, porque la astrología te enseña que tenemos una personalidad que es muy difícil de cambiar, unos defectos que se podían interpretar como virtudes, y unas virtudes que se podían interpretar como defectos, el pecado no era tal, sino que eran frutos de lo marcado por los astros, y había una sensación de limitación de la libertad de la persona[3]. Si los astros decían que iba a estallar en una discusión y sucedía, siempre me quedaba el consuelo de decir: “estaba escrito”. Así estuve más de dos años, hasta que poco a poco fui sintiendo que la dependencia astral me causaba cierto vacío interior y que no era siempre bueno estar pendiente de los astros para dar un paso en la vida. No la abandoné de inmediato, pero si me desligué un poco de ella.
La muerte trágica de un familiar en un accidente de tráfico me hace tomar conciencia de la importancia de la vida como para que sea algo tan efímero[4]. También comienzo a tomar más conciencia acerca de lo que yo denominaba entonces “la verdad espiritual”, y por primera vez en mi vida, comienzo a encontrar en la Biblia el modelo a seguir en esta vida. Es por aquel entonces cuando comienzo a tratar de orar a Dios con costumbre diaria. Percibo a Dios según mis propias palabras y me da un gran alivio en los momentos duros. Y es que a Dios se le busca sobre todo cuando las cosas van mal.
Fue por 1992 cuando comencé a recibir nuevas influencias de ciertos predicadores ciertamente carismáticos, y que congregaban multitudes impresionantes por todo el mundo. Yo les veía a través de un canal de televisión por satélite. Personajes como Morris Cerullo, Benny Hinn, o también Keneth Copeland, y por supuesto de sus doctrinas, muy parecidas. Todos ellos tenían en común el idioma, el inglés, pero para mí no era difícil entenderles. Mi conocimiento del inglés me hizo poder comprenderles. Sobre todo del primero llegué a leer varios libros, e incluso llegué a identificarme con el y su “ministerio”. Quise pertenecer a su organización llamada “ejercito victorioso de Dios”.
Lo consideraba un buen maestro, y aunque me sentía extraño por algunas cosas, otras me cautivaban, su carisma, su forma de hablar firme y hasta arrogante, en contraste con la imagen que yo tenía de los católicos. La influencia que tenía en sus oyentes, en contraste con el panorama de iglesias vacías y envejecidas que yo tenía en mi cabeza. Este predicador y sus predicaciones me daban “más profundidad, realismo y consistencia a mi relación con Dios” (según mis propias palabras anotadas en mi agenda). A partir de aquí se inicia un periodo en que tengo la sensación de un crecimiento espiritual, comienzo a gustar de escribir acerca de Dios y el mundo espiritual, aunque mi faceta de escritor se remonta años atrás. Comienzo a leer libros de ese predicador, “provisión total-súplica continua”, como luchar contra Satán y obtener provisión total en mi vida. Promesas de prosperidad material y espiritual que me cautivan.
Estas enseñanzas me están despertando algo nuevo, me siento transformado y me siento consciente de haber encontrado la misión de mi vida después de mi corto periplo por la astrología, entonces comienzo a tratar de transmitir a todo el que puedo lo que voy aprendiendo, por ejemplo a mi madre o con mi novia de entonces. Con mi madre si voy notando un cambio progresivo. También es mi deseo el de hablar a otros, de llevar el conocimiento a todos los “desviados” del camino, que obviamente son para mí, todos los que no entraran en esta línea.
Las enseñanzas que estoy absorbiendo tratan de convencerme de que recibiré de Dios todo lo que yo pida con fe[5]. Claro que todas estas enseñanzas las voy mezclando al mismo tiempo con mi práctica astrológica que siguen conmigo, la cual siento un complemento a mi vida espiritual, y me siento muy espiritual. Mi necesidad económica de la época final de mi adolescencia, me hacen agarrarme a estas enseñanzas de una “súper-fe” que todo lo puede. Lo malo de las falsas doctrinas es que casi todas están sacadas de una utilización sesgada y particular de la Biblia, pero una persona inmadura es difícil que se dé cuenta de eso, por eso me sentía impresionado por las verdades que parecían estar revelándose en mi vida.
También observaba a través de estos predicadores, que los milagros que vemos en la Biblia parecían seguir ocurriendo en sus cruzadas de evangelización y actos multitudinarios[6], de manera que yo comencé a predicar también que eso era posible hoy, y que yo podía incluso ser usado por Dios para mostrar su poder sanador.






[1] (Jn 3,3)
[2] Yo atribuía lo que veía a cosas de Dios, maravillado y fascinado sobre todo por la belleza del universo, los astros, las estrellas, pero también entiendo que influenciado por el auge de estas antiguas ciencias ocultas que me llegaban a convencer de que aquí encontraría la respuesta a los enigmas de la vida.
[3] Yo estaba experimentando lo que algunos Padres de la Iglesia como San Agustín ya han dicho.
[4] Algo así como, “Si todos nos vamos a morir, la vida tiene que tener algún sentido mayor que el temporal”
[5] Basado en una falsa doctrina llamada “evangelio de la prosperidad”.
[6] Personas que decían ser curadas milagrosamente de enfermedades durante estos actos multitudinarios, con una puesta en escena espectacular, con la gente levantando los brazos, hablando en lenguas y cayendo por el suelo, como si una fuerza los empujara.

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